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[FyS] ¡Son los ingresos, estúpido, no los gastos!

  18/11/2009 
¡Son los ingresos, estúpido, no los gastos!

escribió: @Carlos Sánchez - 18/11/2009

A medida que avanza la recesión, arrecia el debate sobre el nivel de gasto público que es capaz de soportar la economía española. Y no les falta razón a quienes sostienen que un Estado manirroto -incluyendo en esta categoría a todas las administraciones públicas y no sólo el Gobierno central- añade gasolina al fuego de la recesión. 

Pero sorprende el silencio casi sepulcral que existe sobre la política tributaria del Estado más allá de la subida en dos puntos del IVA o de la revisión de los tipos impositivos de los impuestos especiales. Se habla mucho de gasto público pero poco de ingresos, lo que dice muy poco sobre la capacidad de este país para identificar la fuente de nuestros males.

Una cifra sugerida recientemente por el profesor Fernández-Villaverde en Nada es Gratis (un blog muy recomendable) ilustra la naturaleza del problema. Sostiene Villaverde que si las distintas administraciones públicas no hubiesen incrementado en absoluto su gasto en respuesta a la crisis (las célebres medidas de estímulo fiscal), este país habría pasado de un superávit de algo más de dos puntos del PIB en 2007 a un déficit de más del 6%. Es decir, que buena parte del gigantesco déficit acumulado por la economía española (entre once y doce puntos del PIB en 2009) tiene que ver con las miserias de la recaudación impositiva no con los gastos.

Los datos de la Agencia Tributaria certifican lo atinado de esa percepción. Los ingresos tributarios cayeron el año pasado nada menos que un 13,6%, con diferencia la tasa más elevada de la reciente historia económica de España. Para hacerse una idea de lo que representa sólo hay que tener en cuenta que la pérdida recaudatoria equivale a 27.222 millones de euros, una cifra similar a lo que se va a gastar este año España en financiar el desempleo.

La pérdida de recaudación, lógicamente, tiene que ver con la reducción de las bases imponibles (lo que realmente grava Hacienda), que cayeron nada menos que un 3,9% el año pasado (casi nueve puntos menos que el año anterior), cuando el PIB (en media anual y  a precios reales) creció un 0,9%, lo que pone de relieve le pérdida de eficiencia de nuestro sistema tributario. Dicho en otros términos, los ingresos se comportan peor de lo que lo hace la actividad económica, pero a pesar de eso el debate gira casi exclusivamente en torno al gasto público.

Un último dato resume mejor que ninguna otra cosa el tamaño del agujero. La presión fiscal era en 2007 equivalente al 37,08% del PIB, pero un año después se ha desplomado hasta un ridículo 32,83% del Producto Interior Bruto, un nivel casi de país subdesarrollado (la relación entre prosperidad y presión fiscal es una evidencia en la literatura económica).

Ni que decir tiene que el gasto público ha ido en aumento en medio de este proceso de descomposición de la recaudación, y es muy probable que este año se acerque ya al 45% del PIB, sin duda un exceso que tendrán que pagar las próximas generaciones vía endeudamiento.

Economía sumergida

Lo preocupante del caso es que en paralelo que cae la capacidad recaudatoria del Estado crece la percepción de que la economía sumergida no deja de aumentar. La última encuesta del CIS lo pone negro sobre blanco. Nada menos que el 82% de los ciudadanos piensa que en España hay bastante o mucho fraude fiscal, algo que debería sacar los colores a los altos funcionarios de Hacienda. No ocurre así, y como todo el mundo sabe el dinero negro corre a raudales.

"Los ingresos se comportan peor de lo que lo hace la actividad económica, pero el debate gira casi exclusivamente en torno al gasto público"

Sería simplista, sin embargo, vincular los problemas recaudatorios del Estado a un problema derivado exclusivamente de la existencia de enormes bolsas de fraude. El sistema tributario no ha sabido adaptarse a la nueva realidad económica mediante la creación de nuevos hechos imponibles capaces de nutrir las arcas del Estado. En su lugar, se mantiene un diseño de política fiscal que no aprovecha suficientemente la potencialidad de nuevas figuras impositivas. Y en este sentido en los últimos años se han sugerido desde diversos ámbitos la necesidad de una nueva fiscalidad medioambiental, una nueva tributación del transporte o la posibilidad de dotar de mayor potencia recaudatoria al Impuesto de Bienes Inmuebles (algo que por cierto estimularía la venta de pisos ahora desocupados).

Una revisión en profundidad de los beneficios fiscales que reciben los agentes económicos (y que tienen enormes costes para el contribuyente) y una modificación en profundidad de los sistema de módulos para obligar a hacer declaraciones más ajustadas a la realidad iría en esa dirección. Sin olvidar una reforma en profundidad de la tributación de las célebres sicav, no para endurecer su tratamiento fiscal en un contexto competitivo como es el actual, sino para que más contribuyentes se pudieran aprovechar de esos privilegios que ahora disfrutan unos pocos. Habría que estudiar, incluso, la posibilidad de establecer algún tipo de gravamen específico para las operaciones financieras de carácter más especulativo.  Y por qué no, la posibilidad de imponer un tipo único en el IRPF si se demuestra que aumenta la recaudación.

No se trata de recaudar más sino de recaudar mejor, lo que sin duda aligeraría la carga fiscal de muchos contribuyentes. Lo que no es de recibo que en un país con más de cuatro millones de parados siga sangrando al factor trabajo porque es dónde más fácil es recaudar. Los asalariados no pueden seguir pagando casi en exclusiva el IRPF.

En definitiva, este país debe abordar una reforma fiscal en profundidad que al menos tenga la virtud de poner fin a una de las frases más celebres y crueles del imaginario colectivo. España debe ser de los pocos países desarrollados en los que se dice (y además es verdad) que los ricos no pagan impuestos o pagan menos de los que deberían. Y lo curioso es que no pase nada.

Se olvida que la caída de la recaudación registrada en los dos últimos años tiene carácter estructural, y por lo tanto no es recuperable a corto plazo. El 'ladrillo' no da más de sí, y en el mejor de los casos, aunque se recupera el empleo en los próximos trimestres (algo que no va a suceder) España tendrá serias dificultades para financiar su Estado de bienestar. Aquí radica la importancia de la política impositiva. No todo es gasto, también ingresos.

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www.elconfidencial.com



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Publicado por VRedondoF para FyS el 11/18/2009 07:46:00 PM